Más habilidades sociales, más calidad de vida

Cuanto más leo sobre los avances de la tecnología, más me preocupa y ocupa el desarrollo de las habilidades sociales de las personas. Algunas cosas no serán reemplazadas nunca, o al menos eso espero: el abrazo de nuestro hijo por la mañana, la charla que nos contiene con un ser querido, el recibimiento de nuestros compañeros en nuestro lugar de trabajo y la atención cordial en nuestra diaria experiencia de compra de algún insumo. De hecho, los bancos fueron los primeros en haber intentado remplazar a sus empleados en las sucursales y, sin embargo, aun no logran sustituirlos totalmente por cajeros automáticos. La sonrisa, el buen día, el contacto visual, la explicación paciente, la escucha activa son hoy todas experiencias incluso más codiciadas y cotizadas que antes.

Los estudiosos de los cambios socioeconómicos de las diferentes épocas se encuentran hace tiempo analizando las vertiginosas transformaciones que vivimos actualmente y aún no logran ponerse de acuerdo sobre la cuestión de qué ocurrirá con el empleo humano a raíz de la acelerada robotización y digitalización que se está produciendo hoy como consecuencia de la llamada 4° Revolución Industrial. Las opiniones están divididas pero, por ahora, la mayoría parecería inclinarse por la postura de que la reducción en la demanda generará un aumento de la oferta con su consecuente mayor competencia por las habilidades sociales individuales porque éstas serán lo que nos diferencien de las máquinas. Por otro lado, hace tiempo que en las empresas se menciona la importancia de la “humanización” de los liderazgos y hoy ya se empiezan a exigir habilidades más específicas como la empatía para definir a los líderes exitosos. Así lo mencionaría por ejemplo en una entrevista William Alexander, número uno a nivel mundial de la práctica de Tecnología, Medios y Comunicaciones de la consultora internacional Spencer Stuart, dedicada a seleccionar para las empresas sus mandos más altos.

Y, ¿dónde y cómo se adquieren las habilidades sociales? Desde siempre la base de la formación de éstas fue la familia donde, a fuerza de intercambio y primeros desafíos de convivencia y, por ensayo, retroalimentación, refuerzo y generalización posterior, se comienzan a desarrollar en la persona sus habilidades para vincularse interpersonalmente. Hoy la familia también está mutando; es imposible que los cambios que experimentan la sociedad y el mundo no la afecten y modifiquen. Nuevos formatos de familias monoparentales o incompletas, ensambladas o reconstituidas, tanto como ambas figuras parentales con empleos fuera del hogar, sumada a la nueva hiperconexión tecnológica de sus miembros, afectan los espacios de intercambio conjunto donde se experimentan los encuentros necesarios para el proceso de aprendizaje y adquisición de estas habilidades. La dinámica de la familia ya no es la que conocemos los que hoy somos adultos. Padres que viven varios días a la semana de viaje o que trabajan fuera de la casa y deben luego regresar y terminar las tareas del hogar, tienen mucho más desafío para formar a sus hijos. El solo hecho de poner límites, por ejemplo, se convierte en una responsabilidad exigente y agotadora en estos nuevos escenarios; sin embargo, la falta de ellos puede conformar jóvenes que luego no desarrollan manejo de frustración para su buen funcionamiento social. “Las habilidades sociales son un medio para canalizar el interés y poder comunicarse adecuadamente con el otro” agrega el Dr. Carlos Robles Gorriti, psiquiatra especializado en niños y adolescentes.

Asimismo, este nuevo mundo ofrece una enorme oferta de estímulos que genera mayores desafíos para los adolescentes que se sienten inseguros y ansiosos a la hora de enfrentar la salida del hogar. La era de la comunicación les ofrece acceso ilimitado a todo tipo de información y efectivamente aquello que no aprendieron aun o que no quieren o puede recibir, se consume vía tutoriales. Así tenemos una nueva generación de jóvenes que se apoya en el consumo de videos para resolver los desafíos constantes que le presenta la sociedad al comenzar a salir de su adolescencia y el protegido entorno familiar. “Los millennials y los más chicos resuelven todo con tutoriales y manejan la cultura del hágalo usted mismo”, explica Viviana Díaz, excoordinadora a cargo del área de teletrabajo del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación. Sin embargo, no existen filtros para estos contenidos y tampoco vienen con adaptaciones culturales sino solo con malas traducciones idiomáticas. No necesariamente una grabación que explique cómo tener mi primera entrevista de trabajo me resolverá la ansiedad o la inseguridad que la experiencia real me genere. Las habilidades sociales son incorporadas mediante la integración conjunta del aprendizaje racional, emocional y conductual durante procesos que llevan tiempo; un video de 15 minutos podría ser solo un complemento menor para tamaño desafío.

En relación al punto anterior tampoco la hiperconectividad que nos dan los celulares nos ayuda a desenvolvernos en el encuentro interpersonal necesario de la vida real. Por el contrario, aumenta nuestra subjetiva interpretación de las palabras de los otros y agudiza nuestras limitaciones para conocer y aprender los comportamientos e intercambios individuales y grupales. Las habilidades sociales digitales son la forma en la que nos conectamos con los otros a través de la tecnología (celular y redes) y en general, son el reflejo de las mismas capacidades que tenemos sin ellas. Es decir, somos con el WhatsApp o en Facebook como somos en persona, estas no amplían necesariamente nuestras habilidades, sino que, por el contrario, hasta pueden limitarlas. Poder decir a través de la mediación del celular; con breves frases, en cualquier momento que dispongo, sin que mi interlocutor me vea, y sin registrar lo que me pasa cuando tengo al otro enfrente; puede ser un arma de doble filo. “Ahora que la tengo en el WhatsApp ya no la puedo invitar a salir”, me dijo hace poco un consultante en relación a una chica que le gustaba, preocupado porque: “chateando soy bueno pero en persona no me animaría ni hablarle”.

Asertividad, orientación a resultados, capacidades analíticas y discursivas, herramientas de negociación, manejo de lenguaje corporal son algunas de las herramientas que trabajo en los entrenamientos y son necesarias para el piso mínimo ideal de un buen desempeño personal, familiar y profesional. La flexibilidad para la adaptación a los cambios en un mundo en imparable transformación, la creatividad para resolver los nuevos desafíos que ese movimiento continuo genera, la empatía para el trabajo en equipo que nos permite poder hacer con otros, tanto como el compromiso y el humor que son también formas más interesantes de encarar los nuevos desafíos, podrían ser los pilares que definieran una mejor forma de estar en este nuevo mundo.

En definitiva, cuanto más leo sobre los avances de la tecnología, más me interesa el trabajo en el entrenamiento de las habilidades sociales. Mientras el mundo se concentra en cómo adquirir más y mejores habilidades digitales con una oferta exagerada de cursos de marketing digital y competencia de participación en las redes sociales, otros recordamos la importancia de las habilidades sociales para el más agradable y ameno intercambio de las experiencias diarias de la vida en sociedad. Las habilidades sociales son lo que le dan forma real a una mejor experiencia y calidad a nuestra vida y las que hacen más fácil el paso del entorno y cuidado familiar de la persona hacia su funcionamiento autónomo y sano en nuestro mundo.

El presente artículo fue publicado en Clarín el dia 12 de marzo de 2018.

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