¿Desconectarse es la fórmula de la felicidad?

En los siete minutos que lleva leer esta nota se van a mandar más de 3000 millones de mensajes de WhatsApp, unos 16.000 posteos en Twitter y 950.000 “me gusta” en Facebook. Algo de todo eso está dirigido a nosotros o simplemente nos interesa. Hay dos opciones: correr a ver qué nos estamos perdiendo o seguir leyendo. Hasta hace muy poco, no había duda. Estábamos todos urgidos por participar de la acción continua de las redes, resueltos a “ver más”, a abrir más apps o pestañas. Pero ya no. Si antes se hablaba de FOMO, Fear of Missing Out, o miedo a perderse algo, hoy tal vez convenga hablar de LOMO, más que el miedo, el lujo de perderse algo, de desconectarse, de estar offline.

Hay cada vez más evidencia de que la conexión permanente nos hace infelices. La semana pasada, en su conferencia global para programadores, Google reveló que un 70 por ciento de sus usuarios quieren recibir ayuda para contener su vida digital, y presentó el programa Digital Wellbeing, con herramientas para facilitar la desconexión.

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