Vivir en cuarentena, un proceso personal

Por Milagros Olivera

Este período de pandemia quedará marcado en la historia mundial para siempre. Se estudia ya hoy y se seguirá estudiando por mucho tiempo el efecto que está teniendo en las personas la experiencia general de esta nueva enfermedad, el encierro obligatorio, el miedo continuo al contagio, el conteo diario de muertes, etc.

Repentinamente y casi sin darnos cuenta, desde el 20 de marzo pasado se produjo una suerte de congelamiento de nuestras vidas. Salir, movernos, juntarnos, reunirnos, correr, han sido prohibidos. Nuestros movimientos quedaron circunscriptos al espacio que tenemos en nuestro hogar para poder circular. Y así de repente, nos damos cuenta de la intensidad de la convivencia o quizás nos tocó vivir este largo encierro en soledad.

La cuarentena nos puso un espejo en el que observamos la foto de nuestra vida. Inevitablemente y aunque al comienzo, quizás algunos pensaron que podía ser un momento de esparcimiento y descanso, hoy el confinamiento nos interpela.

Podemos ver y vernos. Todo pareciera percibirse con más intensidad y si nos lo proponemos también con mayor claridad. Cada uno de nosotros vive y vivirá este período de manera diferente pero todos lo recordaremos como una experiencia importante en cualquier etapa de la vida en la que nos haya encontrado.

He identificado aquí algunas de las muchas maneras en las que podríamos experimentar este momento.

Una cuarentena ansiosa: en la que la incertidumbre del futuro nos invade continuamente impidiéndonos vivir el presente conectados al aquí y ahora. El temor relacionado al trabajo, los potenciales problemas económicos, los cambios en general, colocan la mente en estado de alerta constante y el comportamiento se vuelve irritable y acelerado. Aquí puede ayudarnos el silencio y la meditación para reconectarnos con el presente y reducir la ansiedad.

Una cuarentena hiperactiva: en este caso la sola idea de una experiencia de pandemia global con un encierro que nos priva de la libertad nos invade con tanta intensidad que preferimos taparla con multiplicidad de acciones para no pensar y recibir lo que realmente sentimos. El día vuela y sentimos como si no lo hubiéramos vivido, nuestro cuerpo está en continuo movimiento y la mente se niega a pensar o registrar lo que siente. En este caso nos puede ayudar reducir la cantidad de tiempo que estamos conectados al celular y la computadora; evaluar qué tanto necesitamos volver a repasar la casa y permitirnos un rato de estar sentados sin hacer nada mas que respiración consciente.

Una cuarentena indiferente: casi en el polo opuesto esta la posibilidad de prácticamente negar la pandemia e insistir en continuar la vida como si nada ocurriera. En este caso no creemos en las noticias, vemos a las personas como exageradas y actuamos desde una negación insostenible que nos aísla. Necesitamos valentía para aceptar esta situación global y lo que nos produce. Si esta es nuestra cuarentena, podemos elegir hablar con alguien cercano y criterioso que nos vaya guiando de a poco en el proceso de aceptación, alguien en quien confiemos y que nos transmita equilibrio y tranquilidad.  

Una cuarentena consciente: nos permite conectar con el presente y con lo que nos pasa con este momento. Desde esta cuarentena acompañamos los pensamientos que aparecen de revisión del pasado o aquellos por la incertidumbre futura, comprendiendo que solo el presente es lo que tenemos seguro. Recibimos la angustia de la experiencia general y hacemos nuestra parte en colaboración comunitaria. Registramos nuestros momentos de compartir y también los de necesidad de silencio, limitamos la conectividad tecnológica y crecemos en creatividad.

Podemos oscilar entre todas estas opciones de confinamiento, han pasado cuatro meses y probablemente hemos transitado momentos de cada una de ellas ya que esto es un proceso dinámico. También es posible que hayamos quedado atrapados largo tiempo en alguna. Cualquiera sea nuestro caso este invierno quedará grabado en nuestra mente, nuestro corazón y también en nuestro cuerpo. Cómo queremos que sea este recuerdo? cuando miremos para atrás, qué queremos que este periodo de distanciamiento nos haya dejado? Hay algo que deseemos especialmente vivir o hacer?

No dejes pasar las preguntas, animate a registrar lo que sentís, ser consciente en lugar de negarlo y permitir experimentar a fondo. De todas formas lo que pasa está pasando, lo que sentís está presente, cuanto mejor entonces que lo acompañes y abraces! Vos podes elegir que esta experiencia quede grabada en tu corazón como un periodo de luz y aprendizaje.

Foto: Costanera de Buenos Aires, Julio 2020. MO.

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